Inicio Alejandro Ramírez Arballo La ética que nos hace falta

La ética que nos hace falta

Compartir

Conversaba anoche por teléfono con un filósofo, alguien experto en ética. Le decía yo que me sentía por momentos acongojado de cara a una realidad marcada por la violencia de los fuertes, el suplicio de los débiles y la indiferencia de no sé cuántos. Me decía mi interlocutor algo muy cierto: “Nos hemos olvidado del debate ético más urgente y nos ocupamos de dirimir fruslerías en las redes sociales”. Pero, ¿cuáles son, pues, los grandes temas éticos?, me pregunté tras concluir la llamada. Creo que hay sólo uno y es la persona, el ser humano, origen, centro y destino de todo lo que pienso y digo.

Vivimos bajo amenaza, me queda claro. Nos bombardean los medios de comunicación, nos seducen los anuncios comerciales con su constante invitación al consumo, nos asfixian los políticos con su infatigable bocina de mentiras y cinismo; y el ser humano -tú y yo- se queda al margen de la vida, a merced de las fuerzas del mundo y cegado por completo, incapaz de reconocer su infinito valor de criatura. A lo mejor suena algo místico o francamente ridículo, pero estoy convencido de que necesitamos un auténtico despertar de la conciencia, una apropiación de nuestro ser en el mundo, un ejercicio personal y común de voluntad creadora: no podemos vivir como si fuéramos un accidente y no la sustancia misma de la vida.

Si el ser humano no sabe lo que vale estará dispuesto a aceptar la manipulación constante y el menosprecio de los poderosos. Si el ser humano no cuestiona por qué millones y millones mueren cada año a causa de las balas y del hambre, se está condenando a sí mismo a la derrota universal. Si tú y yo no salimos diariamente a indignarnos enloquecida y amorosamente, ebrios de humanidad y esperanza, ante las incontables injusticias, más nos valdría bajar ahora mismo a la tumba.

La ética que nos hace falta es la de sabernos únicos entre nuestros hermanos, hermosamente libres y responsables para ser las manos de Dios en esta tierra.

Deja un comentario