Inicio Alejandro Ramírez Arballo MAL DE NUESTRO TIEMPO

MAL DE NUESTRO TIEMPO

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Cada época tiene sus desafíos, sus muy particulares condiciones que nos interpelan y nos invitan a actuar. Ser responsables es saber responder a ese llamado, tener la habilidad de decirle sí a la vida y no sólo en lo que tiene de placentero sino muy especialmente en lo que implicará un mayor esfuerzo y compromiso de nuestra parte.

En este tiempo nuestro veo como urgencia fundamental recuperar el sentido de lo humano; vivimos acosados por los demonios de la tecnología, la avaricia, el individualismo y ahora contemplamos un notable crecimiento de la plaga nacionalista. Si no sabemos lo que vale la vida humana, estaremos dispuestos a atentar contra ella bajo cualquier pretexto: hermano se levantará contra hermano en un afán primitivo de perseverar más que el otro.

Tenemos ante nosotros la amenaza real de un planeta agitado por un desequilibrio ecológico de proporciones cósmicas. La tierra es nuestro hogar y la gente que tiene la cabeza en su sitio no puede, bajo ninguna circunstancia medianamente comprensible, destruir la casa donde vive, el refugio que le ha garantizado la vida misma durante milenios. Tenemos la obligación moral de formar generaciones conscientes de que deben respetar, cuidar y reparar el mundo en el que viven.

Por último, creo que el gran reto es desarrollar la conciencia de nuestra existencia, es decir, aprender a amar desde la acción valiente y no desde el sentimentalismo ramplón. Alguien consciente es alguien que no puede quedarse callado, es alguien que asume el poder de sus propios actos y que busca la congruencia entre aquello que hace y dice; hacen falta como nunca, me atrevo a decirlo, liderazgos así, plenamente auténticos, leales, transformadores del presente y forjadores del futuro. Si los que han despertado a su humanidad no hacen nada, permaneciendo callados y sintiéndose seguros en la zona de confort de su vida privada, entonces todo estará perdido. Se requiere dar un verdadero salto existencial, salir de nosotros mismos, atrevernos a llamar las cosas por su nombre: es la hora de decir que sí, es la hora de estar a la altura de nuestro tiempo y nuestro lugar.

Quien crea que todo esto que digo no son sino quimeras o expresiones simples de la buena voluntad, es idiota o cínico, no hay otra posibilidad.

 

-alx

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