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Agüita de coco

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Claudia Chávez Domínguez

Hasta ganas me dan de abrazarte. Cuando tengo tus ojos así enfrentito siento un montón de ternura. La mirada inocente es lo único que queda de la mujer que eras antes de que la cárcel llegara a nuestras vidas. Las rejas nos robaron los años a ti y a mí. Nos robaron la vida. Desde este lado puedo ver cómo ha cambiado tu piel, el caminado, y hasta la sonrisa. Ahora sonríes a fuerzas, como que no le crees a la vida que merezcas ser feliz, como para quedar bien con el momento, y ríes apurada para que el momento se vaya rápido y puedas poner otra vez tu cara de seria. Qué felices cuando nos reíamos por cualquier cosa. Ahora o siempre estás dormida tú, o como un zombi yo. Como si el tiempo corriera más aprisa.

La cicatriz en la rodilla sigue ahí. Como el recuerdo del columpio. La caída, las risas, las rodillas raspadas y la tierra en la boca. También descubro una nueva arruga junto a los ojos. Veredita de lágrima, hay que cubrirla con maquillaje, como se cubren todas las cosas dolorosas, con un adorno por encimita para que los demás no se den cuenta.

Te has sentido sola últimamente, conmigo no puedes disimular. Tan sola que por las noches te invade un frío agrio y polvoriento que se parece a sentirse olvidada. Por eso te haces bolita en la cama y lloras muy apretadito para que nadie te oiga. Me da mucha ternura verte. Quiero saber si aún hueles a agüita de coco como cuando niña, sé que me necesitas tanto. Ahora que veo tu reflejo, quisiera abrazarte muy fuerte, aunque aún no sé cómo podré sacarte de ese espejo.

*Resultado del Taler de Crónica en Cereso Femenil.

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