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¿Por qué priorizamos la atención de las personas con síndrome de Down?

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Por: Maroly Solís Zataraín
Aprovechando que estamos en pleno mes de concientización, donde podemos aportar cada uno de nosotros como familias, escuelas, gobiernos y sociedad, información correcta sobre el síndrome de Down, podemos destacar que vivir con él, no hace más, ni menos a una persona en ningún sentido.
Sabemos que las personas con trisomía 21 viven con un cromosoma extra, que no son más perfectos o imperfectos, que no son más importantes o menos que los que no lo tienen, por lo cual debemos estandarizar nuestros objetivos, pero entonces ¿Por qué priorizamos su atención?
Algo que comúnmente sucede sobre todo en las familias de personas con necesidades especiales, es que se les otorga prioridad a su atención, a su desarrollo o confort, pero qué sucede con los que no tienen esas necesidades, por poner un ejemplo: los hermanos, ¿Qué roles desempeñan y en qué nivel ponemos sus deseos, sus proyectos y metas?
Es de reconocerse que por naturaleza priorizamos como familias a los más vulnerables por así decirlo, al que necesita mayor atención y enfocamos la mayor parte de los esfuerzos a cubrir esas necesidades, dejando de lado quizás – sin generalizar- las aspiraciones del o los hermano(s) que vive sin ese cromosoma extra.
Por poner un ejemplo, regularmente priorizamos la atención médica de los hijos con síndrome de Down – en nuestro caso- seguimos una estricta rutina de exámenes médicos, atención visual, auditiva, ortopédica entre otras que consideramos importantes.
¿Pero acaso seguimos la misma rutina con los demás hermanos? Por lo regular no, porque por desgracia nosotros atendemos una revisión médica cuando hay un malestar de por medio, no antes, no existe una cultura preventiva a excepción de los esquemas de vacunación o aspectos muy concretos de la edad y el desarrollo.
Sin embargo es recurrente como madre de una niña con síndrome de Down, ver en hospitales, centros o instituciones de enseñanza en la sala de espera, a los hermanos de las personas con estas necesidades, asistiendo por obligación a acompañar a los padres, cuando quizás podríamos aprovechar para otorgarles una porción de esa atención médica o académica.

Por lo tanto es necesario que hagamos una reflexión con respecto a ello, no debemos priorizar ni la salud, ni la atención, ni educación de las personas con síndrome de Down, debemos atenderlas correctamente, de forma equitativa con los demás miembros de la familia, exceptuando los casos extraordinarios donde la salud juega un papel primordial en la persona.
Y es que realmente sucede, que dejamos de lado algunos aspectos importantes de los otros miembros de la familia por atender al que consideramos vulnerable y “necesitado”, cuando la realidad es que las necesidades las tenemos todos, incluyéndonos los padres.
En repetidas ocasiones escuchamos y leemos que “no debemos hacer del síndrome de Down nuestro mundo”, sino al contrario, el mundo tiene su ritmo y debemos insertarnos en él, capacitando, formando y educando a las personas que viven con este cromosoma extra, para que puedan integrarse de la mejor forma.
Por lo tanto este mes nos invita a hacer conciencia sobre ello, sobre tratar de equilibrar nuestros esfuerzos a cubrir las necesidades de las personas con síndrome de Down con respecto a los demás miembros de la familia, porque eso también es concientización, pero hacia el interior de nuestras familias.

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