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Desde temprano ciudadanos acudieron a los distintos panteones de la ciudad a visitar a sus seres queridos. El día de muertos en Hermosillo transcurrió tranquilo de acuerdo a los reportes de agentes que cuidaban la seguridad de las personas que arribaron a rezarle a sus difuntos, limpiar las tumbas y pasar tiempo en familia recordando a los que se adelantaron en el camino.

Don Enrique despidió a sus hijos y prefirió quedarse solo acompañando a Luz María, su esposa durante 40 años y que partió hace un año. Apenas se quedó solo y las lágrimas rodaron por sus mejillas. En su tumba dice “Amor Eterno” y flores cubren la superficie donde está el nombre del amor de su vida. Enrique dice que no se acostumbra a estar solo y que jamás se acostumbrará. Durante un año y medio cuidó a su esposa que perdió la batalla contra el cáncer y al final ya ni hablaba, pero ahora mirando fijamente desde la tumba de enfrente para cubrirse del sol, habla en voz muy bajita. Un pañuelo de tela blanca que sale del bolsillo trasero del pantalón ahora está mojado.

A unas cuantas calles, el ruido de la música de un conjunto norteño versa…”la tumba será el final, ahí será la separación…y hasta en la tumba te sigo amando si quiere dios”

Una familia alrededor de una modesta sepultura llora alrededor del padre de la familia que se ha ido.

Al voltear un niño pregunta a su mamá porque hay globos atados a una cruz, su madre le explica que debe haber un pequeño sepultado ahí. La muerte nos alcanza a todos. Mientras tanto en la pila del agua hay fila para llenar los baldes. Entre las calles del camposanto se ofrecen también servicios de limpieza y música. A 50 pesos la canción que uno quiera.

Cae la tarde y siguen llegando más personas, algunos sacan el clavo y salen a relucir algunos doces de cerveza, a pesar de la intensa vigilancia que hay siempre hay maña para brindar con el amigo, con el padre, con la madre que se fue, la esposa o el hijo que ahora descansan en paz. Ahora nos toca celebrar, después seremos los festejados.

 

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