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Dos, tres, cuatro semáforos pasan la luz roja y no pasa nada. Oswaldo sostiene una cartulina que dice “Sonora ayúdanos…Dios te bendiga” y camina entre los carros del cruce de Quintero Arce y García Morales pero nadie voltea a verlo.

Es hora pico y a través de las ventanas de los autos se ven personas inmersas en sus asuntos, hablando por celular, maquillando los estragos del fin de semana, algunos desayunando apresurados. En la banqueta su esposa cuida a sus hijos y una mochila con un tubo que sirve para la defensa de la familia. Un pequeño de dos años, una nena de tres y otro niño de seis años juegan sentados y comparten entre los tres un plátano. El quinto semáforo da frutos y alguna persona suena la bocina para que Oswaldo vaya por una moneda.

Son una familia de Guatemala y buscan llegar a los Estados Unidos pero en su viaje han sido constantemente detenidos por Migración y ahora andan con cuidado. Ahora una manzana debe bastar para los 5 y de pequeñas mordidas pasan el fruto para que todos alcancen un poco. Una patrulla de la policía municipal pasa y con la mirada recorre la escena bajo el árbol. La familia mira y siente alivio cuando la autoridad sigue su paso.

Oswaldo busca dinero para alimentar a sus hijos, en media hora le habrán dado 10 pesos y eso no alcanza. Hay que comer y además guardar provisiones para el camino. Es duro pero la solidaridad también hace presencia. Jesús, un vendedor de periódicos, comparte algunas monedas con la familia y sigue con lo suyo.

Al cabo de varios minutos, Oswaldo y su familia deciden probar suerte en otro crucero. Las cosas aquí, como en muchos lados y para muchos otros son difíciles. El chiste es no dejar de intentar.

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