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Lo me ha dejado un cromosoma extra

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En el marco del día mundial del síndrome de Down, celebrado el día de ayer 21 de marzo, muchas personas se sumaron a campañas, programas y acciones con fines de concientización, en escuelas, hospitales, centros de terapia, trabajo, entre otros, que permiten visualizar acciones en favor de la inclusión y la diversidad en el mundo.

En este sentido conmemorativo, este año la Organización Mundial de las Naciones Unidas hizo un atento recordatorio a través de su página oficial sobre las causas de este síndrome, compartiendo que corresponde a una alteración cromosómica que forma parte de la condición humana, que existe en todas las regiones del mundo.

Es así que esta fecha sirvió de marco para que en todos los ámbitos y niveles del mundo, se realizaran distintas manifestaciones para promover la tolerancia, diversidad y conciencia de los seres humanos, desde calcetines de colores, camisetas, pancartas, festivales, ruedas de prensa, entre otras actividades que lograron permear en la conciencia humana.

¿Pero cómo es vivir con un cromosoma extra? Eso quizás sea un cuestionamiento que nunca podré responder, pero sin embargo el cromosoma 21 nos ha dejado en gran medida, unión, esfuerzo, impulso y una forma de ver la vida de manera distinta.

Más que celebrar el cromosoma este día, puedo compartirles que tener una hija con síndrome de Down ha provocado que sea capaz de reconocer el esfuerzo y los retos que por más cotidianos que parezcan, representan un extra de trabajo, de dedicación para lograr su bienestar, me ha hecho consiente de la necesidad de lograr su independencia ante todo y su autonomía individual.

Ese cromosoma extra permite que cada día que se presente un desafío, un acto discriminatorio o una acción que pareciera perjudicial, salga triunfante ante ello, con gratas satisfacciones, en las que puede siempre caminar hacia delante, buscando opciones sin desistir.

Debemos comprender que ha sido por mucho tiempo una de las condiciones de vida más estigmatizada, donde las personas que viven con ella son más destacados por su discapacidades, que por sus capacidades; sin embargo visualizo que estas nuevas generaciones han retomado un nuevo impulso de información al respecto.

Bien lo he mencionado en otras colaboraciones que a las personas con síndrome de Down, ya no las escondemos como antes, sino que hoy representan un motivo de esfuerzo y trabajo constante, con los mismos derechos y responsabilidades que puede tener cualquier miembro de una familia, de una escuela o de un espacio laboral.

Una parte importante del desarrollo de las personas que han nacido con el cromosoma extra 21, es su integración, su inclusión, el derecho que tenemos como seres humanos a tener oportunidades para estudiar, trabajar y ser parte de las sociedades.

Es hora de que hagamos conciencia y no diferencias, que brindemos las oportunidades de inclusión en todos los ámbitos, para que las personas con síndrome de Down o con alguna discapacidad puedan formar parte plenamente de este mundo.

Si miran a su alrededor encontrarán muchos casos de personas que viven con este cromosoma extra, niños, jóvenes y adultos, ávidos de oportunidades y llenos de impulso, así que inclúyelos porque tienen mucho para dar.

 

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