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6 de la tarde en punto, el contingente sale en silencio de la Guardería ABC, a pesar de los más de 40 grados y lo fuerte del sol, las banderas rosas y azules ondean al viento, las lonas extendidas y las fotos de cada pequeño van en lo alto.

 

No son muchos, pero son suficientes. Los que van, gritan a pulmón completo y queda claro el compromiso de aquellos que dedican la tarde para acompañar a los padres de los niños y niñas que perdieron la vida en el incendio de aquel 5 de junio hace 9 años ya.

No son todos, pero en cada lugar el dolor es igual para los padres. Unos en la Ciudad de México, otros en sus casas y otros en las calles de Hermosillo marchando. A estas alturas la unidad no ha sido la constante ya, pues cada padre ha buscado un camino distinto en su lucha pero el reclamo para la mayoría sigue siendo el mismo: Justicia.

Paty, Julio, Juanita, Abraham, Teresa, Ofelia, Germán…son los más conocidos pero alrededor de ellos hay un círculo que se extiende y que sufre, que clama por respuestas y se retuerce por la simulación de justicia que han encontrado en el país. Primero en Sonora, luego en México. Ahora buscarán que instancias internacionales sin lado, sin partido, sin compadrazgos los ayude a que se llegue a la conclusión que buscan. Y podrán pasar uno, dos o tres años, tal vez diez más, hasta obtener un resultado, pero ellos afirman que seguirán en pie de lucha a pesar de todo.

El Vildósola despejado por patrullas y gente en las banquetas mostrando solidaridad, gente en sus vehículos tocando la bocina haciendo saber que no están solos. No faltó quien regaló agua o bolis de todos colores y sabores para mitigar el calor. Esa solidaridad ha crecido a pesar que el número de marchantes ha bajado con los años. Es natural hasta cierto punto se diluya pero lo que no se ha diluido es la conciencia, el coraje, la impotencia y la tristeza. La tragedia hace nueve años para muchos parece que pasó ayer. Los nudos en la garganta acompañan a las consignas que exigen justicia.

Hay de todo, pero cada año que pasa, se nota como ha permeado en los más jóvenes esta insatisfacción, la sed de reclamar, de decir cuando las cosas no están bien, de exigir respuestas. La asistencia de adolescentes que a lo largo de estos 9 años comenzó en carreola o caminando de la mano de sus padres, hoy son jóvenes que se forman un criterio, siguen marchando y eso parece definitivamente es positivo.

En Hermosillo se necesitan jóvenes que se involucren, que se informen y conozcan la historia. De esta forma se podrá lograr que una tragedia como esta no se repita.

También una participación más contundente de los jóvenes sobrevivientes, algunos alcanzan ya los 12 años. Ya no podemos hablar de niños. Sus historias son realmente desgarradoras y motivantes a la vez, pero el sufrimiento que han pasado también duele en lo profundo del ser no solo en la carne. Y la marcha sigue. Ellos piden justicia, piden que no pase otra vez, visten de morado y por primera vez salen como un grupo que va mostrando una nueva conciencia en torno a este movimiento. Han crecido con la política, con el hartazgo de un país corrupto que los puso en la situación que hoy viven. Muchos de ellos ya protagonizan sus propias historias más independientes. Deportistas, músicos, artístas, que de alguna forma deben curar su alma.

A 9 años, el tono de la marcha ya no es con las consignas que se escuchaban hace 5 o 6 años, ya no hay alaridos desgarradores de madres que al recordar lo sucedido rompen en llanto, ya no hay discursos que se clavan en lo hondo del corazón de políticos, de gobiernos, de personajes religiosos. Ahora hay un tono más pacífico, entre la resignación y la esperanza que algo llegará en un momento. Tal vez no pronto pero llegará. Esa quietud que da el haber canalizado un dolor en una causa. Esa causa ha sido la prevención a través de la Ley 5 de junio. Han dado pasos enormes con ella y se busca lograr más. En ese tono se llevó esta marcha por el noveno aniversario de la tragedia que a cada uno nos duele, nos hace pensar y voltear a un lado para ver que estamos haciendo al respecto con lo que nos toca. Lo que no está permitido hacer, es olvidar.

 

La marcha culmina con un posicionamiento, un pase de lista y el grito de “No están solos” en las escalinatas de la Universidad de Sonora, donde luego de la dura jornada de este 5 de junio, la gente se retira, las familias se van a llorar a sus hijos. La lucha sigue todos los días, en tu casa, en la mía, en cada estancia, en cada escuela. El objetivo: La Justicia

El trabajo de cada padre que perdió un hijo ahora podemos decir que rinde frutos y que la tragedia que sembró una sociedad inconforme, regada con la indignación, el enojo, la impotencia, abonada con jornadas de lucha, de tocar puertas, de reclamar lo inusto, ahora cosecha ciudadanos más concientes, cosecha un Hermosillo y un México que no está dispuesto a agachar la cabeza y aguantar. ABC Nunca Más.

 

 

 

 

 

 

 

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