En 2016, cuando tenía apenas 34 años, Yanet Romero Ortiz recibió una noticia que nunca imaginó: tenía cáncer de mama. Lo que comenzó con una sospecha y un diagnóstico inicial que no identificó el problema se convirtió en una batalla que pondría a prueba su fortaleza física y emocional.
Durante nueve meses, Yanet vivió con la incertidumbre de lo que ocurría en su cuerpo, hasta que finalmente obtuvo un diagnóstico que confirmó la enfermedad. A partir de ese momento, su vida cambió por completo.
Una lucha que comenzó con miedo
El cáncer de mama llegó acompañado de preguntas, temor y preocupación por sus hijos. Más allá de enfrentar la enfermedad, Yanet debía encontrar la manera de explicar lo que estaba viviendo y reunir fuerzas para comenzar un tratamiento que no sabía cómo terminaría.
Como parte de su atención médica, fue sometida a una mastectomía, procedimiento en el que le retiraron una mama. También le extirparon 12 ganglios linfáticos, de los cuales dos estaban afectados.
Después llegó la quimioterapia. Fueron seis sesiones en las que enfrentó efectos secundarios, agotamiento físico y momentos emocionalmente difíciles.
La pérdida del cabello y el deterioro que experimentaba durante el tratamiento la llevaron a pensar, en más de una ocasión, en abandonar el proceso. Sin embargo, sus hijos se convirtieron en una de sus principales motivaciones para seguir adelante.
El proceso de sanar también es emocional
Yanet reconoce que sobrevivir al cáncer no significa convertirse en una persona invencible. Detrás de cada tratamiento hay miedo, cansancio, incertidumbre y emociones que también necesitan atención.
Su experiencia le permitió comprender la importancia de contar con apoyo durante la enfermedad, así como la necesidad de escuchar y acompañar a quienes reciben un diagnóstico de cáncer.
Hoy, cerca de una década después de conocer la noticia que transformó su vida, comparte su testimonio a través de CUCAS, organización encabezada por Evangelina, para contribuir a que otras mujeres conozcan la importancia de prestar atención a su cuerpo y buscar atención médica ante cualquier señal de alerta.
El cáncer también tocó a su familia
La historia de Yanet adquirió un nuevo significado cuando su hermana Verónica recibió un diagnóstico de cáncer de mama en 2025, a los 50 años.
A diferencia de lo que ocurrió con Yanet, la enfermedad de Verónica fue detectada en una etapa temprana, lo que refuerza la importancia de la detección oportuna y del seguimiento médico.
La experiencia de ambas hermanas demuestra cómo el cáncer puede impactar a toda una familia y por qué hablar del tema, compartir información y acudir a revisiones médicas puede marcar una diferencia.
Un mensaje para otras mujeres
A través de su historia, Yanet busca que más mujeres dejen de lado el miedo o la falta de tiempo y presten atención a su salud.
Su mensaje es directo: conocer el propio cuerpo y acudir al médico ante cualquier cambio puede ayudar a detectar oportunamente una enfermedad que, en muchos casos, no provoca dolor durante sus primeras etapas.
Para ella, compartir lo vivido tiene un propósito muy claro: que otras mujeres tengan la oportunidad de actuar a tiempo.
“Con que una mujer se toque, yo ya gané”, es la idea que resume su compromiso de crear conciencia a partir de su propia experiencia.
La autoexploración mamaria puede ayudar a identificar cambios, pero no sustituye la valoración clínica ni los estudios de detección recomendados según la edad y los antecedentes de cada persona. Ante cualquier anomalía, es importante acudir a un profesional de la salud.







