Luego del trágico viernes para la familia Sánchez Cantú al perder a dos de sus hijos, David El Tornado y Jonathan El Zurdo, llegó el tiempo de despedirlos.

En la casa familiar, los ataúdes estuvieron rodeados de flores, durante la mañana del sábado los amigos, la familia, los vecinos, los curiosos llegaron a mostrar sus respetos por el campeón y su hermano. Para Doña Gloria Cantú su madre, no existía nadie más, solo sus dos retoños. Don Ramón Sánchez y los hermanos atendían a la gente. Más tarde los esperaba más gente en El Santuario para la misa de cuerpo presente previo a su última morada, el Panteón de El Crucero a varios kilómetros de la calle principal en el Poblado Miguel Alemán.
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Dos cajones blancos, la familia, un cinturón de campeón, y tanta gente que con aplausos despidió a los boxeadores al salir de la iglesia luego del servicio ofrecido por el padre Guillermo Coronado quien les dio la bendición. Las lágrimas y lamentos de dolor hicieron eco en la iglesia pues el momento de despedirlos se acercaba. Afuera una carroza y una camioneta los esperaba, un último viaje. La carroza llevaría los restos del tornado y en una suburban Jonathan que en todo momento en su ataúd tuvo el cinturón de campeón supermosca que su hermano sostuvo en vida.

En el trayecto al panteón de El Crucero, la carretera no fue suficiente para tantos carros que formaron el cortejo fúnebre, al frente una patrulla municipal, y detrás una enorme fila de más de 5 kilómetros de vehículos a vuelta de rueda. Las coronas de flores en dos camionetas. Ya en el camposanto una banda los recibía con música norteña y un gran número de personas. Una fosa de block de cemento y una loma de tierra eran rodeadas por más gente mientras dos jóvenes sostuvieron las cruces con el nombre de cada uno donde además tenían grabadas el emblema del cinturón de campeón. Mientras la música seguía sonando con canciones como “Amor Eterno” la gente hacía fila para despedirse y ver por última vez a los hermanos Sánchez Cantú.

Finalmente a las 5 y 30 minutos de la tarde, Ramón Sánchez, padre de los boxeadores, pidió que se cerraran los féretros, y ambos fueron llevados a la fosa donde descansarán. La última ovación, los hermanos orgullo de Miguel Alemán la recibieron la tarde del sábado mientras los presentes alrededor lanzaban puñados de tierra a los ataúdes.






