Si las compras de medicamentos que se presumen transparentes no se traducen en términos reales en ahorros para la institución y mayor volumen en las compras, algo está fallando en la ecuación.
Sin duda, el o la lectora estarán de acuerdo en que la compra corrupta de medicamentos son uno de los temas que más nos duelen a la hora de que vemos divulgados este tipo de situaciones en los distintos medios de comunicación del país.
Por ello, cuando las autoridades presumen mayores controles para transparentar estas compras no tenemos más que evaluar esos controles y festejarlos cuando estos son efectivos y por ende se convierten en resultados buenos y reales.
Ayer el Isssteson dio a conocer a la opinión pública que llevó a cabo el inicio de una licitación para la compra de medicamentos que más o menos asciende a la suma de 500 millones de pesos. Esta presentación y apertura de propuestas se transmitió por internet en tiempo real y fue, por primera vez en la historia, atestiguada por medios de comunicación y público en general.
La esperanza de todas y todos los que observamos y festejamos que se lleven a cabo este nuevo tipo de formatos en las compras públicas, es que ahora si las medicinas lleguen de manera pronta y oportuna a todas y todos los derechohabientes y al mismo tiempo este nuevo formato de compra, que de lejos luce más transparente, se traduzca en ahorros reales que puedan utilizarse en cosas más benéficas como en el gasto corriente de la institución, en inversión hospitalaria o compra de equipo médico.
De no ser así considero que estaríamos ante un intento fallido por ser transparentes y en el peor de los casos las y los derechohabientes continuarían con el fatídico gasto de bolsillo ante el desabasto inminente que presentan las farmacias.
Buscar opciones de mejor precio, de mejor calidad, ahorrar y hacerlo público es ciertamente una acción loable que todas las instituciones que prestan servicios públicos tendrían que tener siempre. De lo contrario, simular que se buscan mejores opciones, simular que se ahorra y que se hace público tiene que ser en todo momento reprobable.
Abatir costos y garantizar el abasto es lo primero que podemos considerar como indicadores de eficiencia para poder festejar con toda razón esta práctica que se dice, por lo pronto, ser prioridad del actual Gobierno.
La transparencia implementada con una buena dosis de buena voluntad no tiene porque arrojar resultados malos. La transparencia implementada como estrategia o como recurso para ganar adeptos, desgasta y acaba por aniquilar con la poca confianza que aun le pueda quedar a la ciudadanía.
Por lo pronto, esperemos y veamos cuales resultados se obtienen, quizá en otra columna estemos con gusto hablando con contundencia y con pruebas de los beneficios que se obtuvieron con dichos ahorros o del descanso económico y de la alegría de las y los derechohabientes al tener el problema de abasto resuelto.
Por lo pronto, esperemos…







